Biocivilización destaca la esencia del floreciente paradigma de convivencia planetaria, en la red de la vida, de la que hacen parte de manera interrelacionada e interdependiente, todos los seres vivos: humanos, animales, naturaleza, al igual que la Tierra, como ente igualmente vivo y única casa de todas las especies, incluida la humana.

La humanidad con su modelo de vida y consumo, mayoritariamente aceptado y practicado por cada uno de nosotros, está agotando los recursos naturales del planeta Tierra, nuestra única Casa Común. Esto lo estamos haciendo de una manera irresponsable e inconsciente, por el afán de satisfacer, las que creemos nuestras necesidades, y los intereses de quienes nos las crean.

Con la anterior manera de vivir en este planeta, dejamos de darle el tiempo necesario a la Tierra para recuperarse de la huella ecológica que los humanos vamos dejando en ella.

“La huella ecológica es un indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta, relacionándola con la capacidad ecológica de la Tierra de regenerar sus recursos”.

Como bien lo explicó Leonardo Boff en su documento del mes de septiembre:

Leonardo Boff
Leonardo Boff

El pasado 13 de agosto del 2015, fue el “Día de la Sobrecarga de la Tierra” (Earth Overshooting Day). En lo que nos informó la Red de la Huella Mundial (Global Footprint Network) que, junto con otras instituciones como WWF y Living Planet, siguen sistemáticamente el estado de la Tierra. La huella ecológica humana (la cantidad de bienes y servicios que necesitamos para vivir) ha sido sobrepasada. Las reservas de la Tierra se han agotado, y necesitamos 1,6 planetas para atender nuestras necesidades, sin considerar aquellas muy importantes de la gran comunidad de vida: fauna, flora, micro-organismos…. En palabras de nuestro diario vivir: nuestra tarjeta de crédito está en números rojos... Hasta 1961 necesitábamos solamente del 63% de la Tierra para atender nuestras demandas. Con el aumento de la población y del consumo, en 1975 necesitábamos ya el 97% de la Tierra. En 1980, el 100,6%, la primera Sobrecarga de la Huella Ecológica Planetaria. En 2005 alcanzábamos ya la cifra de 1,4 planetas. Y, en agosto de 2015, 1,6 planetas.”

Sin un cambio de consciencia que nazca de la reflexión profunda por el cuidado de este hogar nuestra Casa Común, en cada persona del planeta, las probabilidades de un escenario apocalíptico se incrementan para un futuro no muy lejano. Artículo relacionado→

Biocivilización se articula al “Espíritu de la Época” en que nos encontramos, como estrategia de diálogo, búsqueda y construcción colectiva a nivel planetario, de un camino común, que nos ayude a salir de la actual crisis sistémica que estamos viviendo, de una manera benéfica para la vida y para el planeta, sin pretender ser una guía política o académica, mucho menos un decálogo de pasos a seguir.

Inspirada en las reflexiones que hizo Leonardo Boff en el Foro Social Mundial, FSM de Belén - Brasil (2009), biocivilización se ha ido alimentando recientemente por miles de mujeres y hombres, que de forma individual o colectiva han estado y están haciendo el cambio de manera concreta en sus prácticas cotidianas y en sus vidas. Este cambio implica varios escenarios que de manera simultánea debemos trabajar, tal como se planteó en el 3er Seminario de Convivencia Planetaria: Construimos Biocivilización, hacia un nuevo paradigma de convivencia planetaria, celebrado en la ciudad de Barcelona en abril de 2014:

“La construcción debería hacerse, desde adentro hacia afuera y desde abajo hacia arriba.”

Esto quiere decir que efectivamente, todos podemos y debemos contribuir al cambio de convivencia planetaria, comenzando por el escenario interior de cada uno de nosotros, esto tiene que ver con la toma de consciencia de lo que está pasando, con aceptar nuestra parte de responsabilidad en ello y como resultado de lo anterior, retomar nuestro poder para cambiar las cosas en el mundo que nos rodea de una manera más próxima, y desde allí sin duda, aportar a los cambios que se necesitan a nivel planetario. Pienso que esto lo conseguiremos en la medida en que sumemos y multipliquemos esfuerzos en el sentido que lo estamos proponiendo.

En resumen, como dijo Gandhi:

“Se tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Esta tarea será posible a través de la realización concreta y cotidiana de acciones individuales y colectivas, de prácticas e incidencias privadas y públicas… todas ellas permeadas por virtudes éticas como la solidaridad, la responsabilidad, la fraternidad, el respeto, el cuidado… esto hará que cada uno de nosotros afectemos nuestro entorno de una manera diferente en lo interior, lo privado y lo local, espacios donde se desarrolla nuestra vida cotidiana, para finalmente llegar al escenario global, que surge de la articulación a nivel planetario de todos estos cambios de consciencia individuales, que se van volviendo colectivos en la media en que se suman y se multiplican, mediante intercambios, mutuos aprendizajes, articulaciones… de todo lo que ya está en marcha, aprovechando para ello, diferentes canales tanto físicos como virtuales, en los que el diálogo y el intercambio sean posibles. Estoy hablando por ejemplo de las conversaciones familiares, los cafés, las plazas públicas, las redes sociales...

La reflexión en torno de Biocivilización fue estimulada a nivel planetario, desde IBASE (Instituto Brasilero de análisis sociales y económicos), dentro del marco del Taller Internacional: Una Biocivilización para la sostenibilidad de la vida y del planeta, del que salió un documento con reflexiones de cara a la Cumbre de Rio más 20 a celebrarse en ese país en el año 2012. Ese Taller giró sobre la base de tres preguntas: ¿Con qué ética? ¿Con qué economía? y ¿Con qué estructura de poder?

Biocivilización también es un planteamiento estratégico, que invita a realizar el cambio ahora que todavía estamos a tiempo de girar la historia, evitando caer en el abismo que ya se ha abierto ante nosotros y que Leonardo Boff describe acertadamente de la siguiente manera:

No hay más recursos en Nuestra Casa ComúnPara completar el análisis debemos tener en cuenta la investigación sobre “Los límites planetarios: una guía para el desarrollo humano en un planeta en mutación”, hecha por 18 científicos y publicada en la prestigiosa revista Science de enero de 2015. En ella se enumeran 9 fronteras que no pueden ser violadas, en caso contrario, ponemos en peligro las bases de la vida en el planeta: cambios climáticos, extinción de especies, disminución de la capa de ozono, acidificación de los océanos, erosión de los ciclos de fósforo y nitrógeno, abusos en el uso de la tierra como deforestaciones, escasez de agua dulce, concentración de partículas microscópicas en la atmósfera que afectan al clima y a los organismos vivos, e introducción de nuevos elementos radioactivos (nano-materiales, micro plásticos). 4 de las 9 fronteras ya han sido sobre pasadas, pero dos de ellas –el cambio climático y la extinción de las especies que son fronteras fundamentales, pueden llevar a nuestra civilización a un colapso. Fue lo que concluyeron los 18 científicos.” El planteamiento desde Biocivilización y de todos aquellos con quienes se siente afín, es contundente: el cambio global depende de la decisión que cada ser humano haga ahora y de cómo cambie de manera radical sus prácticas, sus valores, su consumo…

Algunas reflexiones desde la ética

Existen virtudes que son centrales en esta perspectiva biocivilizatorias: El cuidado, la responsabilidad, la solidaridad… de las cuales ya se ha hablado por décadas. El llamado que hacemos consiste en que las pongamos en práctica ahora mismo, en el proyecto de vida de cada uno de nosotros y en los proyectos colectivos, incluido el de humanidad.

Quizás por nuestra comodidad y de manera inconsciente e irresponsable, entregamos nuestro poder a otros con claros intereses “económicos”, para que definieran nuestras vidas, facilitándoles su trabajo con nuestro estilo de consumo, con nuestra no práctica de la ciudadanía -como si las cosas públicas no tuvieran que ver con nosotros-, con la práctica de “valores” errados que nos enseñaron desde niños: egoísmo, individualismo mal entendido, competencia… y con la búsqueda de la felicidad desde un concepto equivocado, porque nos hicieron creer y creímos, que la felicidad estaba en el “tener” (tener cosas) y no en el “ser” (ser nosotros mismos). Con estas actitudes, valores y pensamientos, hemos estado cada uno de nosotros contribuyendo a la destrucción de la armoniosa dinámica del organismo vivo del cual hacemos parte: La Madre Tierra.

Nuestra especie, ha creído pretenciosamente que somos un organismo separado del resto de las expresiones de vida con las que cohabitamos en el planeta, creyéndonos con derecho a dominarlas, explotarlas, someterlas, contaminarlas, degradarlas, destruirlas… olvidándonos que estamos conectados por una red que nos une en equilibrio, con la naturaleza y con todos los seres vivos, y por lo tanto todo el daño que les hagamos, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

Entre las virtudes que destaca Biocivilización, se resaltan los fundamentos éticos del cuidado, del cual ya se viene hablando desde hace varias décadas, especialmente por algunos movimientos feministas, planteando una perspectiva de vida asociada a la protección y el cuidado de la vida, actuando en todo momento, con responsabilidad de nuestras acciones, sabiendo que con ellas afectamos de una manera u otra a los demás y a nuestro entorno.

También se plantea desde Biocivilización, que es imprescindible realizar un “cambio de consciencia” profundo, esencial y radical, que nazca en el fondo de nuestro interior, como lo expresó recientemente Chico Whitaker, uno de los 8 fundadores del Foro Social Mundial “desde el fondo de nuestro corazón”. Es fundamental darnos cuenta que hemos venido haciendo cosas que nos parecían normales, pero ahora que sabemos que afectan nuestra vida, la de los demás y la del planeta de manera destructiva o agresiva, debemos modificarlas.

Otro reto que nos propone Biocivilización, es trabajar por convertirnos en mejores seres humanos cada día, por medio de múltiples caminos, cada quien escoge el que más se adapte a la expresión de su “ser”, siempre que se respeten y reconozcan a todos los demás seres vivos y se conviva con ellos en armonía, con justicia y en paz. Hay personas que siguen diferentes caminos para acceder a un conocimiento de ellos mismos y del mundo que les rodea: espirituales, intelectuales, de la ciencia, de la experiencia, de la creatividad, de la contemplación… los caminos personales no tienen que ser iguales, pero lo que sí creemos, es que deben ir armonizados con el bien común y con el cuidado de la vida y del planeta.

Hay que ir revisando con prisa pero sin pausa, cada uno de los aspectos de nuestra vida, por ejemplo, revisar cómo nos estamos alimentando -somos lo que comemos-, observemos que la mayoría de los productos agrícolas que consumimos hoy en día contienen una gran cantidad de tóxicos y elementos transgénicos, lo que genera en nuestro organismo múltiples enfermedades al corto y al mediano plazo. En la antigüedad no existían tantas muertes producidas por tumores, cánceres… sabemos por la historia que muchas enfermedades ya existían desde la antigüedad, e igualmente sabemos que en nuestro tiempo se han multiplicado y diversificado como consecuencia del modelo de vida que tenemos: acelerado, tensionado, con mala alimentación, con contaminación de diferente orden. Todo el día vamos respirando e intoxicándonos en nuestras ciudades con el dióxido de carbono de los carros, las industrias…, como también nuestras emociones: la rabia, la impotencia, el miedo, la envidia, la frustración… todo esto no hace otra cosa que agredirnos física, mental y emocionalmente, siendo la causa de la mayoría de nuestras enfermedades. Por esta razón, la invitación que hacemos está orientada a mantener una alimentación libre de toxinas nocivas para nuestro organismo, a buscar un estilo de vida sano en armonía con la naturaleza, con nuestros seres próximos y distantes... y seguir revisando de igual manera todos los aspectos que conforman nuestra vida, pues la alimentación es solo uno de ellos.

Otra virtud ética de la cual quiero reflexionar es la solidaridad, que ha estado presente en la mayoría de los movimientos sociales, las ONG, las izquierdas y algunos demócratas, entre otros. Al definir la solidaridad, debemos entender que está relacionada con la capacidad del individuo de ponerse en el lugar del otro, comprometiendo algo de su proyecto de vida por los demás, ser capaces de ir más allá de nosotros mismos y como se dice coloquialmente: “ponernos en los zapatos del otro”. Una cosa es ser solidario y otra es estar sensibilizado, ésta segunda implica que no pasamos desapercibidos ante lo que les sucede a los demás, pero no hacemos nada por contribuir a cambiarlo. Ahora no son tiempos de sensibilización, son tiempos de implicación personal, de compromiso, de acción y de cambio. Debemos desestructurar, descodificar y al mismo tiempo, estructurar, codificar, reconstruir: creencias, valores, actitudes, prácticas… desde un nuevo proyecto de vida basado en el amor del que hablan los cristianos, que es la misma compasión de la cual hablan los budistas, o cuando los musulmanes hablan de rahma o la misma solidaridad que predican los movimientos sociales, entre otros, y la integración consciente con la red de la vida, a la cual siempre hemos pertenecido.

Otro de valor del antiguo paradigma de convivencia planetaria dominante, que debemos revisar es el valor del individualismo. Este es un valor mal entendido, pues en la actualidad se encuentra asociado al egoísmo, la competencia, la soberbia... Sin embargo, éste debe verse de otra manera, hay que asociarlo a una responsabilidad colectiva de la persona, permeada por el equilibrio, la justicia. Debemos ser conscientes de nuestros actos, darnos cuenta que con cada uno de ellos afectamos de una manera u otra todo y a todos los que nos rodean. Somos una colectividad de vida.

Algunas reflexiones desde la económia

El modelo de economía capitalista que caracteriza el paradigma actualmente dominante, está llegando a un momento crítico y con él está llevando al planeta a un punto de no retorno, en la medida que ha ido afectando las condiciones climáticas del planeta necesarias para que la vida se mantenga y se manifieste en toda su diversidad. Este modelo de economía ha gestado una economía al servicio del capital y de unos pocos dueños del mismo, por encima del bienestar de la mayoría de seres humanos.

Esa economía capitalista de la cual estamos hablando, está condenada a desaparecer y a ser consumida por su propia dinámica de destrucción y muerte. Por lo tanto debemos cambiar y cambiarla, construyendo una economía del “ser”, que esté al servicio de todos los seres humanos, respetuosa del entorno y de los otros seres vivos, que nos permita otra forma de atender nuestras necesidades de una manera justa equilibrada y armónica con todo lo viviente. Debemos pensar la economía desde una perspectiva esencialmente diferente, por ejemplo, existe un país llamado Bután, que mide su desarrollo con la Felicidad Interior Bruta -FIB- Artículo relacionado 1→ Artículo relacionado 2→. Ellos plantean que la calidad de vida de un pueblo no está dada por el desarrollo material, ni del capital, sino por su posibilidad de ser feliz.

Biocivilización, además de alimentarse de algunos movimientos feministas y su práctica del cuidado, también se alimenta de los movimientos ecologistas y su compromiso con la vida y el planeta, de otros movimientos sociales que nos han enseñado otras prácticas como la solidaridad y el compromiso… Igualmente bebe de paradigmas que no fueron dominantes, pero que por suerte han sido preservados por grupos humanos. Me refiero por ejemplo a las culturas orientales, a algunas culturas ancestrales indígenas de todo el mundo, quienes construyeron formas de vivir y convivir diferentes a la occidental, más armónicas con la Tierra y el Universo, basadas en el respeto, la contemplación, la articulación con la naturaleza, tratándola como a otro ser vivo del cual hacían parte los humanos.

Con respecto al consumismo “Flecha de oro del sistema capitalista”, debemos ser conscientes del ciclo vicioso de consumo en que estamos mayoritariamente inmersos. Es una dinámica donde compramos y desechamos de la misma velocidad e inconsciencia, fortaleciendo un modelo lineal y por tanto infinito de extracción, producción, distribución, consumo y desecho, en un mundo finito y limitado, lo cual hace que sea insostenible e inviable, tal como lo están demostrando todos los informes que han venido saliendo a partir de la crisis ambiental que nos acompaña.

Normalmente compramos y desechamos, no porque ya no sirva o porque ya no sea útil el producto que tenemos, o porque realmente necesitemos comprarlo; lo hacemos impulsivamente porque nos hacen sentir a través de las pantallas, la educación y la cultura de masas, que debemos consumir para no sentirnos excluidos de un grupo social al cual queremos pertenecer o que pertenecemos, pues nos han enseñado que “nuestro valor esta en lo que tenemos y no en lo que somos como personas”. Nos han hecho y nos hacen sentir, que no estamos a la moda, que estamos gordos, flacos, jóvenes desadaptados, marginados y sin futuro, calvos, viejos inútiles, niños hiperactivos y con problemas de atención dispersa, después de que el mismo sistema los pone nerviosos con las pantallas, los dulces, las gaseosas, la comida basura, sus padres ocupados sin tiempo para poderles brindar atención…

Todo lo anterior ha sido pensado y diseñado por economistas y políticos Liberales y neo liberales, para que el sistema funcione de acuerdo a los intereses de los dueños de los grandes capitales, por ejemplo, han diseñado dos tipos de obsolescencia: la obsolescencia percibida, que es la percibimos pero que no es real, nos la crean en la mente por medio de la moda, la televisión, la educación, la cultura de masas y gracias a esta obsolescencia, desechamos o consumimos cosas por un cambio en los estándares de consumo, sin pensar tan solo si las nuevas que compramos afectan positivamente nuestra salud o nuestro bienestar, si realmente las necesitamos o si lo que tenemos sirve todavía o no; la otra es la obsolescencia real o programada, ésta plantea que la elaboración de los productos debe estar diseñada para que tenga un tiempo útil necesario para que la vida útil del producto no dure mucho y se deba remplazar, vigilando que este corto tiempo de vida útil del producto, no llegue a afectar la fe del consumidor y lo vuelva a comprar. Esto se enseña en nuestras facultades de economía a los futuros profesionales. Podemos observar en estas últimas reflexiones que “la felicidad” nos la han articulado al “tener” y por lo tanto en este modelo capitalista, siempre estará relacionada con el consumismo. Ahora bien, debemos pensar que el hecho de tener no nos hace ni mejores ni peores personas. Somos mejores o peores personas por los valores que practicamos, por las actuaciones y prácticas en las cuales traducimos día a día nuestras vidas.

Como dice Boff en su último escrito: “¿Queremos este destino para nuestra única Casa Común y para nosotros mismos? No tenemos alternativa: o cambiamos nuestros hábitos o iremos desapareciendo lentamente como los habitantes de la isla de Pascua hasta quedar solamente algunos representantes, tal vez envidiando a los que murieron antes. Ciertamente, no hemos sido llamados a la existencia para conocer un fin tan trágico. Seguramente “el Señor, soberano amante de la vida” (Sab.11,26) no lo permitirá. Pero no será por un milagro sino mediante nuestro cambio de hábitos y con la cooperación de todos.”

Algunas reflexiones desde las estructuras de poder y de gobierno

En referencia a la estructura de poder, se observan varios movimientos espontáneos de la ciudadanía en el mundo, que no obedecen a ninguna estructura política, normalmente se mueven por las redes sociales, cuentan con un modelo bastante horizontal, plano, democrático participativo y asambleario, de base como la Primavera Árabe, los Indignados en España, Los pingüinos en Chile, La revolución de los paraguas en Hong Kong, los Black Blocks... personas de la vida cotidiana, que han logrado salir masivamente a las calles de manera pacífica y decir basta, queremos cambios, ustedes – los sustentadores del poder - “no nos representan”.

Parte de la ciudadanía ha regresado poco a poco a tomarse las calles, recuperando la conversación, la unión, la crítica, el intercambio, la participación directa, porque, cuál sino es ésta, la base para la construcción de la vida a la democracia de un pueblo? Son formas de re-tomar su poder, su participación y trabajar por nuevas búsquedas que nos lleven a otras formas organizativas y de gobierno, dentro de un marco de convivencia local y planetaria diferente a la que existe hoy día.

De Igual manera vemos como en algunas ciudades en el mundo comienzan a hacerse sostenibles, aprovechando las energías limpias, implantando procesos de reciclaje, procesos de participación ciudadana, políticas publicas… o países cuyos gobiernos han comenzado a realizar giros importantes como en Uruguay en cabeza de su ex - presidente José Mujica, quien es un referente importante como gobernante y como persona, Bolivia que en su constitución le ha dado un nivel de sujeto ostentador de derechos a la Madre Tierra.

Como vemos hay muchos seres humanos en marcha, lo que debemos hacer es unir nuestros esfuerzos a todos ellos en los escenarios que nos sean posibles y desde ahí ayudar a construir el gran cambio ahora por la vida y por el Planeta Tierra.

Referencia

portada-llibreCampos, S. (Comp.).(2015)
CONSTRUIMOS BIOCIVILIZACIÓN
España: Editorial ICARIA. ISBN 9788498886467
Autores varios:
WHITAKER. Chico, SHIVA. Vandana, MONEDERO. Juan Carlos, SANTANA, Pedro. GRYBOWSKY. Cándido, MUÑOZ. Manuel Ramiro, AZAM. Genevieve, RECIO. Alberto